Por Raúl Moreno Wonchee
De todas las reformas, la educativa era la más urgente. Por aquello de que muchos niños se quedaban burros. Desde hace quince años cuando menos. Pero ni el gobierno prepanista ni los panistas le entraron; tenían otras prioridades. Tuvo que llegar Peña a tomar el toro por los cuernos e impulsar los cambios que han dado cuerpo a la reforma, que de todas, fue la primera en cambiar realidades. Como todo cambio ha generado inconformidades que han sido manipuladas con intenciones ocultas, ajenas a la educación. Hoy hay elecciones, una ocasión para que coincidan los desestabilizadores y los extremistas; ambos medran con la inconformidad. Buscan provocar algún disturbio, si con sangre mejor, para que los medios desprestigien urbi et orbi el proceso democrático que origina la Cámara de Diputados, uno de los ámbitos donde el pueblo mexicano ejerce su soberanía y que fundamenta el Estado de derecho. Es deber del Presidente de la República cuidar ese proceso, así que para prevenir una eventual provocación, decidió suspender hasta nuevo aviso la evaluación a los profesores inconformes. Una agrupación derechista encabezada por el hijo de Claudio X. González emplazó al Presidente a suspender la suspensión y le exigió al organismo evaluador que presente una controversia constitucional contra el Ejecutivo. A nadie sorprende la estrechez del junior pero esta vez tocó la flauta, no como el asno de la fábula sino como el flautista del cuento: tras él marcharon un sinnúmero de personajes en defensa del Estado de derecho y cerró el desfile la Comisión Permanente del Congreso exigiéndole al Presidente ¡suspender la suspensión!
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