Toca a la política, a los partidos políticos, integrar o diferenciar lo que realmente requiere el País para salir de la crisis que se está viviendo. Habrá quienes busquen conducir a la sociedad de acuerdo con la visión de una clase, y habrá otros que persigan integrar los intereses de la nación a partir de las coincidencias fundamentales. En este caso para definir el futuro de México. Porque lo que está en juego, lo que ha estado en juego en todos estos años, es la Constitución que expresa, ella si el proyecto histórico de la nación mexicana, que sea causa y cause como debe ser de lucha incesante del pueblo por hacer de México una nación digna, en la medida de lo posible, independiente, soberana, justa y libre de explotación humana. Idea bicentenaria que fundamenta nuestra identidad, que ha estado bajo fuego, cruzado de la derecha y de la sediciente izquierda.
Desde la llegada al poder de la derecha ademas de otros, han torpedeado a la Constitución animada por su obsesión de abolirla. En su delirio han llegado a proponer una nueva, una constitución de contentillo en la que las decisiones fundamentales que vinculan a los mexicanos y le dan futuro a la nación sean sustituidas por ocurrencias y, peor aún, por dictados del poder oligárquico y trasnacional. Y en ese afán derogatorio se ha encontrado con los del otro.
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