Un día sí y otro también,
los mexicanos que seguimos a través de los noticieros la información de los
acontecimientos del día, nos enteramos del hartazgo, de la incredulidad y de la
falta de confianza a las instituciones públicas y a los gobernantes, sean éstos
de cualquier signo político, izquierdas o derechas, partidos emergentes y de
centro. Todos sin excepción se auto-alaban y ofertan lo mejor para llamar la confianza
del ciudadano elector, sin embargo, en la práctica, todos sabemos que defienden
y protegen sus intereses personales, de grupo y de familia.
Una encuesta publicada en un
diario nacional el día 5 de mayo, señala las familias que han dominado los
espacios legislativos, ese sólo es un ejemplo de que los partidos políticos se
han convertido en empresas propiedad de familias y de grupos que viven de la
cosa pública y que poco o casi nada les interesa y les preocupa el bienestar
social, el desarrollo y el progreso de los gobernados.
En ese tenor de cosas,
muchos mexicanos decidimos que este 7 de junio, no cometamos el mismo error de
cada tres años, no votemos por la promesa falsa y castiguemos aquellos
candidatos y partidos que despliegan cantidades enormes de propaganda y
recursos económicos, que no tienen otro origen que el esfuerzo del pueblo al
que engañan con guerras sucias denostándose entre sí, sólo para informar
quienes son más corruptos o mejor estrategas en la guerra sucia. A costa de
nuestros impuestos y sacrificios que se recaudan a través de la hacienda pública
en los tres niveles de gobierno.
Cuidemos nuestro voto, no le
demos la confianza y el poder a quienes nos han defraudado; y dentro de lo poco
disponible para elegir apoyemos a los menos malos o al menos no tan corruptos
como los que respiran y avientan lodo por todas partes, por decirlo menos.
Súmate, reenvíalo a tus
conocidos si te pareció bien la reflexión.
Por Pedro Armenta
No hay comentarios:
Publicar un comentario