Esperanzadora para el pueblo de México, han sido las reformas hechas hasta
hoy por el Gobierno que encabeza el Presidente Peña Nieto y que desde luego,
responden a los compromisos hechos y firmados por el candidato presidencial
priista del 2012, dada la importancia para el desarrollo nacional y el
bienestar general para la población, que implican estas trascendentales adecuaciones
al marco constitucional en materia económica, energética, financiera,
educativa, telecomunicaciones y política electoral, sin embargo, algo de la
mayor importancia para la calidad de vida de los mexicanos que no se había
tocado hasta el momento: el sector salud, que contiene tanta importancia como
las anteriores materias o más aun porque se trata de nada más y nada menos la
calidad de vida del mexicano, en este mismo foro, en otras ocasiones, hemos
señalado con preocupación y alto sentido de responsabilidad, que en los
servicios médicos, hospitalarios, de estudios de laboratorios, imagenología y
demás, que tienen que ver con la salud del individuo, unas son las cifras que
se dan en los medios de comunicación y en los informes oficiales, y otra la
realidad que se vive en las instituciones de salud pública que ofrece el Estado
Mexicano (Seguro Social, ISSSTE, Secretaría de Salud y Seguro Popular).
En
el Seguro Social, según las estadísticas, existen más de 55 millones de
mexicanos que gozan de los servicios de salud, hospitalarios y todo lo que
tiene que ver con la atención médica, en el ISSSTE alrededor de 13 millones de
derechohabientes y en el Seguro Popular suman más de 52 millones de nacionales
asegurados, sólo en estas tres instituciones si sumáramos las cifras que nos
dan a conocer los responsables de las mismas, la cobertura universal estaría
rebasada, sin contar con otras instituciones de salud, como son el DIF, los
servicios municipales y estatales en la materia, las fuerzas armadas, el sector
energético, etc., es decir, más del 100% de la población nacional ya cuenta con
servicios médicos garantizados, pero la realidad es otra, si cualquiera de
nosotros hiciéramos una visita a las clínicas rurales que se cuentan con miles,
nos daríamos cuenta que en un 80% si no es que más, las mal llamadas clínicas no
cuentan con médico, con enfermeras y menos aún con medicamentos, por lo tanto,
se encuentran cerradas y la población se ve obligada a recurrir al servicio
médico particular, si es que este existe y si cuenta con los medios económicos
para pagarlo, este mismo fenómeno se repite en las ciudades medias y hasta en
las grandes ciudades, las clínicas de medicina familiar prestan un servicio
regular, pues ahí el ausentismo médico al igual que en las clínicas rurales, es
alto y la escases de medicamento también registra muchas claves en ceros, es
decir, sin existencia de medicamentos y material de curación, si en el segundo
lugar de atención que son los hospitales generales, en los que se supone
debiera atenderse a todas las especialidades y con consultas no mayor a los 15
días y cirugías no posteriores a los 21, como lo señala la organización mundial
de la salud, la realidad en nuestro país, es que la consulta de especialidades
se prolonga por meses y hasta por años, argumentando siempre falta de médicos existencialistas,
insuficientes camas hospitalarias, la no existencia de equipos médicos o estos
se encuentran fuera de servicio y muchas otras argucias, que el personal de
estos centros hospitalarios le señalan al paciente o a sus familiares.
En
el tercer nivel de atención que son los centros médicos nacionales, como el 20
de Noviembre para el ISSSTE, el Hospital General de México para el Seguro
Social y todos los Hospitales Regionales como el López Mateos, Zaragoza, la
Raza y otros tantos dispersos en todo el país que presentan las mismas
carencias, no hay médicos especialistas suficientes, no hay medicamento para
surtir recetas, los equipos médicos se encuentran descompuestos o no se cuenta
con ello, los laboratorios se encuentran saturados y las camas hospitalarias
son insuficientes, todo ello es el calvario que a diario se enfrentan las
familias mexicanas, sean derechohabientes del ISSSTE, del Seguro Social, del
Seguro Popular o de cualquier institución, ello hace indispensable una urgente
revisión y en su caso corrección de las políticas públicas en materia de salud,
por ello celebramos que el Presidente Peña Nieto, el día lunes ante los
responsables de las tres principales instituciones de salud pública, instruyera
a la Secretaria Mercedes San Juan, para que establezca algún mecanismo que
garantice la calidad de los servicios de salud.
Es
cierto que alcanzar con realismo la cobertura universal de los servicios de
salud pública, y que estos se presten con calidad y calidez humana, requiere
una revisión de fondo, y una reforma que acabe con el ausentismo del personal
médico, de enfermería, de laboratorios y estudios, principales causas de la
deficiencia en los servicios. Rediseñar las compras y la distribución de
medicamentos y materiales de curación, hoy en manos principalmente de
representantes sindicales, donde la corrupción se acentúa más, y al mismo
tiempo un estudio de fondo, para saber por especialidad, por nivel de atención,
y por región del país, en donde hace falta personal, donde está sobrando, tipo
de especialidades médicas a contratar, así como las inversiones para mantener los
equipos médicos funcionando de manera permanente.
En
síntesis, los malos servicios de salud responden más a la falta de compromiso
del personal, que goza de privilegios más allá de los establecidos por la ley y
la falta de compromiso de funcionarios públicos, que hagan valer en su calidad
de administradores de los recursos públicos, aplicando los correctivos por
temor a las presiones sindicales, sólo por mencionar algunos ejemplos, en el
sector salud existen médicos, con contratos de 6 horas y media y 8 horas, como
jornadas de trabajo y de éstas jornadas, los médicos de 8 horas si revisamos su
productividad, de acuerdo a los estándares de la organización mundial de la
salud, éstos no califican más allá del 40% en promedio. Los médicos no checan
tarjeta como privilegio por su condición de médicos, le llevan la lista de
asistencia a sus consultorios particulares y si alguna autoridad le pretende
sancionar, el sindicato exige la salida del funcionario, cierra clínicas y
hospitales, hasta poner a sus incondicionales como directores, para que no les
exijan cumplimientos en sus horarios y menos aún el trato de calidad y calidez.
Este
ejemplo de los médicos, se repite en enfermeras, personal administrativo,
camilleros, laboratoristas, químicos y demás personal paramédico que interviene
en atención a la salud.
¿Qué
se requiere entonces para elevar la calidad? Primero, un inventario de cada
centro de salud, desde la clínica rural, familiar, de especialidades,
hospitales generales, regionales, etc., para conocer la demanda en cada centro
de trabajo, el personal con que se cuenta, los espacios disponibles, y en base
a ello, exigir el cumplimiento de las jornadas de trabajo, contratar al
personal que haga falta ampliar horarios en su caso, renovar equipos, adecuar
instalaciones y diseñar una estricta vigilancia que garantice, el surtimiento
al 100% de las recetas médicas y que se realicen los estudios, ordenados por
los médicos a cada paciente.
Otro
aspecto importante a revisar, sin duda tiene que ver con el acotamiento de la
intervención de los sindicatos en la administración hospitalaria, que resultan
ser los líderes sindicales, el principal obstáculo para la prestación de los
servicios médicos con calidad.
Otro
importante aspecto, tiene que ver con la selección del personal de mando, pues
estos en lugar de cumplir con sus funciones se preocupan más por planchar las
buenas relaciones con los líderes sindicales, que cumplir con sus obligaciones.
Finalmente
podemos decir que el derecho a la salud, en nuestra constitución está
garantizado para todos los mexicanos, igual que la educación básica y la
vivienda, sin embargo a la hora de la verdad, lo cierto es igual que en la
educación, los vicios han superado por mucho la realidad y a ello se debe, la
mala calidad, no tanto a la falta de recursos, si queremos servicios de calidad
en esta materia, el Gobierno federal tendrá que emplearse a fondo para
transformar la realidad, incluso con los mismos recursos con que se cuenta,
porque es más la corrupción, el burocratismo y la falta de atención, los que
afectan al servicio antes que la escases de recursos.
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