Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez
Es conveniente en estos días recordar algunos
antecedentes de la historia del día de la mujer, porque este es un día que se
celebra en muchos países del mundo, no obstante que las mujeres estén separadas
por continentes, fronteras, diferencias étnicas, lingüísticas, culturales,
económicas y políticas, en este día (8 de marzo) les une su deseo de buscar la
igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo con equidad de género.
Desde la Revolución Francesa, las mujeres parisinas
pedía libertad, igualdad y fraternidad marcharon al Palacio de Versalles donde
vivían los reyes para exigir el voto femenino, porque entre los derechos que no
se les reconocía estaba el derecho al voto.
Sobre este tema, del voto, recuerdo que en 1953 el
Presidente Adolfo Ruiz Cortines otorgó el voto a la mujer, años después en
1967, cuando estudiante en Paris seguí de cerca un movimiento feminista en
Suiza que reclamaban, para mi sorpresa, su derecho a votar. No me cabía en la
cabeza que un pueblo tan culto y progresista como los suizos las mujeres no
tuvieran derecho al voto. Llegó el domingo de la votación y mi asombro fue
superior porque los suizos votaron porque las mujeres siguieran sin tener
derecho al voto y no fue sino hasta 1971 en que lograron éste propósito. Cabe
señalar que el voto femenino en Estados Unidos data de 1920.
En Estados Unidos el partido socialista, declaró el 28
de febrero como el día nacional de la mujer que se siguió celebrando hasta
1913. En Europa en 1910 la Internacional Socialista, reunida en Copenhague,
proclamó el Día de la Mujer, como homenaje al movimiento a los derechos
de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. Así, el
día internacional de la mujer se celebró por primera vez en Alemania, Austria,
Dinamarca y Suiza en el que además de exigir derecho al voto y de ocupar cargos
públicos exigieron el derecho al trabajo y a una formación profesional y a la
no discriminación laboral. Días después el 25 de marzo, 150 trabajadoras la
mayoría inmigrantes italianas y judías murieron en un trágico incendio en Nueva
York en la celebraciones de los años subsecuentes se hacía notar que la
tragedia sucedió por las pésimas condiciones laborales.
En 1917 como reacción ante los 2 millones de soldados
rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron el 8 de marzo para
ponerse en huelga en demanda de pan y paz.
Pero fue hasta 1975 cuando las Naciones Unidas
celebraron el día internacional de la mujer por primera vez el 8 de marzo,
cuando la Asamblea General adoptó una resolución proclamando “un día de las
Naciones Unidas para los derechos de la mujer y la paz internacional de los
estados miembros pueden celebrar cualquier día del año, siguiendo su tradición
histórica y nacional”.
Ahora bien, la lucha de las mexicanas por obtener sus
derechos, la igualdad de género y un trato digno ha sido un largo camino en que
a partir de la mitad del siglo XX se empezaron a obtener resultados, la meta
ahora está más cerca pero aún no se ha logrado cabalmente.
Sobre el particular empezaremos por decir que desde que
fuimos Colonia, a los conquistadores les pareció conveniente gastar en la
educación escolar de los indígenas.
Cabe señalar que al paso de los años ha quedado claro que
la pobreza se combate con educación, es decir, donde hay educación no hay
pobres. De manera similar ahora sabemos que donde hay educación no hay
discriminación femenina. En el trato cotidiano aún se observa cómo la sociedad
en general trata de una manera a las mujeres profesionistas (maestras,
doctoras, licenciadas, abogadas, arquitectas, etc.) a como tratan las amas de
casas o al servicio domestico que les presta su ayuda. Admito que la trabajadora
doméstica al paso de los años se gana incluso el cariño de la familia, pero las
mujeres preparadas son tratadas desde el primer día con respeto.
Partiendo de ésta idea es obvio que una discriminación
que afecta a las mujeres mexicanas son los obstáculos que se encuentra en el
camino para poder estudiar.
En las poblaciones apartadas, con la idea de protegerlas
se les impide que se desplacen a más de un par de kilómetros de su casa para
asistir a la escuela, en cambio los varones si pueden ir. Al terminar la
primaria en esas zonas, las pocas niñas que asistieron a la escuela son
bloqueadas para continuar sus estudios con el argumento de que por un lado son
útiles ayudando en el quehacer de la casa y por otro lado argumentan que en
breve se casaran.
Los resultados son contundentes porque es vergonzoso
como país que para este 2015 aún se estimen más de 5 millones de adultos
analfabetas de los que más de 3 millones son mujeres.
Aunado a esto se encuentra la deserción escolar después
de la primaria es más alta en las mujeres. Puede decirse que porque su
naturaleza así se lo reclama, pues cientos de miles de adolescentes que se
embarazan dejan de ir a la escuela.
El resultado es que las mujeres que asisten a clases y
no desertan escogen mayoritariamente carreras cortas que tienen la ventaja de
que en uno, dos o tres años pueden ir al mercado laboral donde se ocupan como
secretarias, manicuristas, estilistas, cocineras, meseras, etc.
Es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando las
mujeres empezaron a acceder a carreras completas, donde muchas de ellas han
incursionado con éxito demostrando desde luego su indudable capacidad. Todas
ellas son ejemplo claro de que rompiendo o paleando los obstáculos que se
presentan en su vida y en su entorno, aquellas que con su esfuerzo logran
títulos profesionales, a cambio obtienen respeto social, buenos trabajos y una
vida más participativa.
Por todo lo anterior considero que el Día Internacional
de la Mujer debe seguirse celebrando cada año, en cada país de acuerdo a sus
usos y costumbres, pero la humanidad deberá seguir la meta que consiste en que
haya igualdad de oportunidades de educación para todas las mujeres. Ya basta de
ver con indolencia en nuestro país que aún haya tanta mujer analfabeta, tantas
jóvenes que truncan su carrera, tantas niñas sin acceso a la educación.
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