viernes, 18 de diciembre de 2015

La nave va. El segundo tiempo.

Por Raúl Moreno Wonchee

La velocidad a la que se mueve la Tierra alrededor del Sol es la misma pero cada vez más vertiginosa.  ¿Será la edad o nomás la temporada? Este año que apenas comenzó, está a punto de acabarse dejando una bola de pendientes. Algunos se acumulan –las deudas, por ejemplo— pero a otros se los lleva el tiempo. Quizá por eso nos empeñamos en las conmemoraciones, aunque sea para que no se nos olviden los compromisos que provienen de los grandes momentos del pasado. Este año fue el bicentenario de la muerte de Don José María Morelos, el segundo Padre de la Patria. El primero fue Hidalgo que enarboló y le entregó al pueblo la antorcha de la libertad. Morelos definió la independencia, proclamó la soberanía y concibió al Estado, un Estado social con leyes que moderen la opulencia y la indigencia, aumenten el jornal del pobre para que sus costumbres mejoren y alejen la ignorancia, la rapiña y el hurto. Habrá quien diga que como están las cosas el sentimiento que expresó Morelos a nombre de la nación es un registro de nuestro fracaso histórico. Pero las causas y las coordenadas de la desigualdad mutan. Es una condición que obedece a la circunstancia. Hace ya más de doscientos años, Morelos pensó la suya y escribió su pensamiento mientras luchaba con las armas porque naciera  una nación, la nuestra. Qué grandeza. Después de dos siglos los mexicanos debemos pensar nuestra circunstancia y actuar en consecuencia: saldar la deuda social. Aunque por lo visto, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos sigue olvidando a Morelos y no se ha dado cuenta que empezó el segundo tiempo del sexenio. Y que será vertiginoso.

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