Por Raúl Moreno Wonchee
Hace unos días se cumplió el 35 aniversario de la muerte de Enrique Ramírez y Ramírez y hace unos meses, el centenario de su nacimiento. Su muerte precoz a los 65 recortó su tiempo para igualar con la vida el pensamiento que su poderosa inteligencia forjó siempre comprometido con el más abarcador sentido humano del que nada le fue ajeno. Fue un periodista que ejerció su oficio a la altura del arte: desde el periodismo estudiantil a El Popular donde se vinculó al movimiento obrero que acompañó al general Cárdenas y luchó con denuedo por la República Española y contra el nazi-fascismo, hasta El Día, periódico fundador del nuevo tiempo mexicano, cronista e intérprete avanzado del nacionalismo revolucionario y de la lucha de México por la paz y el desarme; seguidor atento y solidario de la Revolución Cubana y de la heroica resistencia del pueblo vietnamita; el único que dio voz a la insurgencia estudiantil del 68; difusor y defensor del gran impulso del presidente Echeverría al desarrollo democrático nacional, de la solidaridad con Chile y del reconocimiento de la República Popular China; promotor adelantado de la reforma política; que abrió sus páginas al movimiento obrero, a los campesinos, al magisterio, a la educación, la ciencia y la cultura, y las cerró al amarillismo. Periodista y político de ida y vuelta, Enrique fue discípulo y compañero de Lombardo, participó en la fundación de la CTM, fue un destacado miembro del Partido Comunista y del Partido Popular. En el PRI fue un notable tribuno y legislador y su ideólogo más avanzado. No somos pocos los que le debemos, no a él sino a México, una conmemoración a su medida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario