Por Raúl Moreno Wonchee
La del Papa será visita de Estado en la que las partes acuerdan la invitación, la agenda y los resultados. Por eso Francisco les tapó la boca a los que le reclamaron por no dar audiencia en Cuba a los llamados disidentes: no estaba en la agenda acordada por la Secretaría de Estado del Vaticano y la Cancillería cubana. Ah, pero nuestro Senado se propuso interferir en acuerdos que corresponden únicamente a las jefaturas de los respectivos Estados: acordó por unanimidad invitar a Francisco a una sesión solemne cuya temática se atrevió a señalar. En casos como éste, el jefe de Estado anfitrión conviene con el jefe de Estado visitante que éste acuda a una sesión solemne del Senado que tiene la facultad de analizar la política exterior que corresponde conducir al Presidente con base en los principios de autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de las controversias, proscripción de la fuerza, cooperación para el desarrollo y lucha por la paz. Acto crucial cuya importancia exige rigurosidad y no admite eventualidad alguna. Para más INRI, en momentos cruciales de nuestra historia, el Papado no ha respetado la autodeterminación del pueblo mexicano y ha apoyado intervenciones extranjeras que han usado la fuerza contra nuestro país. El Papa Francisco puede hacer posible, por vez primera en la historia –no lo sé de cierto, lo supongo— que el Vaticano respete la soberanía de México y se superen los agravios inferidos a la nación. Introducir, como lo pretende el Senado, un tema tan controvertido y manipulable como los derechos humanos en la agenda de la visita es un despropósito que atenta contra la República y busca manipular la dignidad del Papa.
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