lunes, 29 de febrero de 2016

La nave va. Rescatar el Justo.

Por Raúl Moreno Wonchee


Caja de resonancia de necesidades, inquietudes, aspiraciones e inconformidades de la sociedad, la Universidad es quizá el órgano más sensible de los que integran nuestro organismo social. Especialmente la Universidad Nacional que hace poco más de cien años fundó el insigne Justo Sierra, para dejar atrás la idea decadente de una universidad al servicio del rey y del pontífice y darle a México una universidad  republicana y nacional. Por eso el aula mayor de la Casa de Estudios lleva el nombre del ilustre campechano que ensanchó el camino al futuro de nuestro país. Pero hace más de tres lustros, luego de aquel prolongado conflicto de fin de siglo que tanto lastimó a la Universidad y le abrió la puerta del poder del Estado a la derecha, el Auditorio Justo Sierra fue privatizado. En México, los beneficiarios de las privatizaciones no han sido sólo los capitalistas sino también el lumpen, ese sector producto de la descomposición social por la desigualdad y la pobreza, y cuya avidez por los espacios públicos es ostensible. De ella se han servido los enemigos de la Universidad para obstaculizar la actividad académica, esterilizar la vida estudiantil y amenazar la autonomía. La ocupación del Auditorio Justo Sierra y su consiguiente enajenación --negocios privados usurpan funciones institucionales— es, desde hace mucho, no sólo inadmisible sino inexplicable. Hechos recientes han puesto en evidencia el carácter delincuencial de los invasores y la urgencia de una solución. La Universidad, ya se sabe, carece de los medios institucionales para recuperarlo. Toca a las autoridades capitalinas y federales rescatar el Justo Sierra.          

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