sábado, 18 de marzo de 2017

La nave va. Revisionismo mostrenco.

Por Raúl Moreno Wonchee

Fugaces fueron los fastos del Centenario de la Constitución. Como que había prisa por que pasaran los obligados homenajes y reconocimientos a la histórica Carta de Querétaro que surgida de la lucha armada revolucionaria, nos ha dado cien años de vida institucional. O más exactamente, que hace cien años abrió el camino a un incesante e incansable esfuerzo de la sociedad mexicana para crear las instituciones que han hecho posible el ejercicio de la soberanía, la convivencia pacífica, la estabilidad y el progreso, y mantienen vigentes las aspiraciones nacionales a la justicia social y al desarrollo democrático. Sin embargo, ni los epígonos de la Constitución ni sus críticos han dado las debidas respuestas a las nuevas realidades constitucionales, introducidas por un revisionismo tan implacable como mostrenco, y que sin duda están modificando, no siempre para bien sino todo lo contrario, la vida de las instituciones y el carácter de la Carta Magna. Hay, entonces, un amplio campo para una reflexión que se antoja necesaria y urgente. Porque lo que se puede estar gestando no es tanto una crisis como un proceso disolvente ajeno y aún contrario a las reformas llamadas estructurales. En efecto, postulados supuestamente modernizadores han sufrido adherencias ideológicas que los han convertido en dogmas transversales que tuercen y debilitan la estructura de la Constitución. Los derechos humanos y la transparencia, en vez de dar respuestas puntuales a necesidades sociales significativas, se han convertido en artefactos doctrinarios que prejuzgan al Estado y obstaculizan el ejercicio de la soberanía. El desgaste ya comenzó, la discusión todavía no.

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