La Revolución Mexicana y sus Problemas Actuales. ( Editorial V Informe del Presidente López Mateos).
Esta crisis no ha aparecido de súbito en el período actual, sino que se ha gestado y tiene sus raíces en las etapas anteriores; pero la verdad es, según todas las apariencias, que se acerca a una situación extrema.
En este momento en que, si el rumbo no cambi, la crisis puede tornarse definitivamente peligrosa. Y la crisis, como en otras ocasiones, tiene principalmente dos acicates: el económico y el político, la inconformidad política, suele ser la expresión de la insatisfacción económica.
Hay hambre en México, es verdad. Hay también un anhelo, cada vez más definido y enérgico, de un cambio en el mecanismo gubernamental. Hay un descontento formidable por el monopolio burdo, ni siquiera hábilmente encubierto, del poder público por un solo grupo titulado partido. Y como erl monopolio político es un medio para establecer el monopolio de la economía, la lucha contra la dictadura política es también la lucha contra la dictadura económica.
En estas condiciones, se esparcen los miasmas y los ditritus que son connaturales al cuerpo insano de nuestra economía y nuestra política. Como hay una tendencia dictatorial bien marcada en la política del partido oficial y como no existe todavía un régimen vigoroso de partidos, la política en gran parte, adopta esas formas vagas, sinuosas, del cuchicheo, la intriga, cuando no las de la formas vagas, sinuosas, cuando no las de la mentira. la calumnia, la injuria y el fraude. El cretinismo palaciego y cortesano, substituye muchas veces a la lucha política franca y legítima.
En este punto, es lógico preguntar: Po qué camino va a desarrollarse la situación?
La Revolución, en crisis, se encuentra otra vez ante un dilema:
O termina sus dêas ahogada, por las fuerzas del privilegio, de la reacción nacional y del imperialismo, consolidándose en el país la dictadura económica y política de una minoría, o se vuelve a sus causes originales y profundos, restaurando con vigor sus características de revolución agraria antifeudal, democrática, nacionalista y antimperialista.
El primer camino puede adoptarse simplemente dejando que las causas sigan como van.
El segundo camino implica ante todo la necesidad de volver a la fuente original de la Revolución, que es el pueblo, con sus necesidades y sus aspiraciones infalsificables. Los técnicos o los expertos todos pueden ofrecer muchas soluciones parciales y de conjunto a los problemas de nuestra economía y de nuestro mecanismo político; pero todas esas medidas, para ser eficaces, deben estar precedidas por una medida de alta y decisiva política: la de unir a todas las fuerzas populares y nacionales decisivas en torno a una política que se ajuste de verdad a los postulados de la Revolución.
Cualquier simulación o engaño, a este respecto, será pueril y contraproducente. El pueblo de México ya sabe bien lo que es Revolución y lo que es la reacción, cualquiera que sea el lenguaje y las apariencias con que las cosas se presenten.
Volver al pueblo, para unificar al pueblo, para devolverle su poderío y apoyar en ese poderío un nuevo desarrollo de la revolución democrática nacional, exige hacer, un juego limpio, la política que el pueblo y las circunstancias demandan.
Una política contra el hambre del pueblo.
Una política de defensa de la agricultura y la industria nacionales.
Una política democrática, respetando todas las tendencias políticas y haciendo efectivo el sufragio de los ciudadanos.
Una política nacionalista y antimperialista.
Sólo una política que marche con firmeza sobre estas lineas puede plantearse con buen éxito la tarea apremiante de unificar de nuevo al bloque de las fuerzas progresistas y revolucionarias que forman la mayoría de la nación; pero que ahora se ha dividido y amenaza con dividirse aún más. Y sólo sobre la base de la unidad revolucionaria puede darse u nuevo impulso a la Revolución y capacitar a México para defender su derecho al progreso y su independencia nacional.
El camino que ahora se está siguiendo no pude ser más peligroso, porque es el camino que conduce a la división de las fuerzas del bloque de la Revolución Mexicana y por consiguiente al debilitamiento del pueblo y al fortalecimiento de la reacción y del imperialismo.
La historia de la Revolución, y su presente, muestran el fracaso histórico de la clase que la ha dirigido hasta hoy. La Revolución antifeudal, democrática y antimperialista sólo puede continuar, y continuar victoriasamente, si una fuerza verdaderamente revolucionaria toma su dirección. Esa fuerza, dada la experiencia histórica, no puede ser otra que la fuerza del proletariado. Por sus intereses, sus aspiraciones, es la clase social revolucionaria por excelencia. (Continuará 2a parte).
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