Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez
Al 17 de septiembre, pasadas las
fiestas patrias del 15 y 16 que pudimos disfrutar en televisión y que dejaron
un agradable sabor de boca por su organización y también por las verbenas donde
en las diferentes plazas públicas a lo largo y lo ancho de nuestra geografía se
entonó el Himno Nacional y con júbilo se grito ¡Viva México!, todo en un
ambiente de paz y tranquilidad. Cuando apreciamos la ceremonia del “Grito” y
desde luego vimos con orgullo el día 16 el desfile, que ahora encabezó la
Marina y se dijo que era por el Centenario de la Defensa de Veracruz en 1914,
cuando heroicamente murieron el Teniente Azueta y sus cadetes.
Las diferentes fuerzas se
lucieron con su paso marcial, su disciplina y su entusiasmo manifestado en las marchas
varoniles que efectuaron. Si, se extrañaron los paracaidistas que de manera
audaz se lanzan al vacío y con gran pericia logran manipular su paracaídas para
caer en un círculo que se pinta en el centro del Zócalo, había una intensa
niebla por lo que no fue autorizada esa maniobra, empero la fiesta siguió en el
Zócalo y en el Paseo de la Reforma donde quienes con tanta gallardía marcharon,
escucharon ¡Vivas! y porras de las familias entusiasmadas.
Al día siguiente, los medios de
comunicación nos mostraron los amargos acontecimientos que en estos días les
sucedieron a los “bajacalifornianos del sur” con la visita no deseada de un
ciclón, donde “Odile” tocó tierra y con sus vientos de más de 200 km por hora
provocaron destrozos en los cinco municipios del joven estado destruyendo
cuanto edificio o construcción tocó a su paso, dejando a las poblaciones sin
energía eléctrica, sin teléfonos fijos ni celulares y lógicamente sin internet
con los aeropuertos dañados y con 30 mil turistas de los que 25 mil son
extranjeros y 5 mil mexicanos en cuyos hoteles se agotaron los víveres y se
estableció un puente de salida con aviones del Gobierno y de algunas aerolíneas
que en cuanto arreglaron una pista y se pudieron recibir vuelos y salir,
sacaron gratuitamente a los turistas en un proceso tormentoso y lento que aún
no concluye.
Por su parte la Comisión Federal
de Electricidad con su experimentado personal para trabajar en estas
emergencias, entró en acción y poco a poco están restaurando líneas con las que
gradualmente la energía eléctrica va regresando. Asimismo, los responsables del
suministro de agua, a marchas forzadas están componiendo y reponiendo tuberías
para abatir la escases de tan preciado líquido.
Mención aparte amerita el
lastimoso hecho de que las tiendas fueron vandalizadas, porque con el quizá
legítimo pretexto de buscar alimentos y víveres para la familia, la televisión
mostró vándalos llevándose triciclos y bicicletas para niños que sirven
únicamente para agraviar más la desgracia que se vive.
Desde luego los expertos en
estos temas nos van a enumerar los errores que se cometieron en materia de
PREVENCIÓN porque a diferencia de los temblores para los cuales la tecnología
del hombre no puede anticiparlos más allá de unos minutos antes que se
presenten, los huracanes si se sabe y los meteorólogos dicen cuándo se espera
que tal huracán entre a tierra el día y la hora aproximada que es cuando las
autoridades civiles deben advertir a la población de lo que sucederá con una
receta de cinco o seis cosas que deben hacer.
Tales como: cerrar sus casas;
tapiar las ventanas de tal suerte que protejan a vidrios y cristales de la
embestida de los fuertes vientos, porque si en una casa por el viento se rompe
una ventana por ahí se va a colar la furia del huracán, volviendo un infierno
la casa y destruyendo sus enceres. Deben de protegerse los principales papeles
como Actas de Nacimiento, Certificados escolares, etc., así como cerrar las
llaves de paso de gas y después de estos y otros menesteres todavía tienen
tiempo para huir por carretera antes de que esta pueda ser destruida o salir
por avión, pero alejarse. Lamento escuchar que la mayoría de los
bajacalifornianos optaron aguantar el embate de la naturaleza en sus casas y
cabe recordar que el recuento de los daños apenas comenzó y que los números no
son alentadores.
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