lunes, 10 de noviembre de 2014

A Quienes les Interesa Fomentar la Violencia?.

La violencia ha venido a formar parte, desde inmemoriables tiempos, de la naturaleza humana, y no siempre para degradarla; en ocasiones también para enriquecerla. Violencia la ha habido siempre, en distintos grados y formas. Esta vieja acompañante del hombre ha hablado y sigue hablando todos los lenguajes; el de la justicia y el de la injusticia, el del valor y el de la cobardía, el de los opresores y el de los libertadores, cambia con los tiempos y las situaciones y suele ilusionar y desengañar a los más opuestos contendientes. Por razones y motivos que en todo el mundo se palpan, la sociedad moderna está saturada de violencia. Hay violencia instituida y violencia insurgente. violencia individual y violencia colectiva. Violencia moral, intelectual, temperamental y violencia desatada, física y armada. Acuden a ella los poderosos y los débiles; los poderes establecidos y los que quieren derrocarlos. Hay violencia en pequeñas magnitudes y grandes focos de violencia y extensas zonas donde reina la violencia. Y amenazas ciertas, ya ensayadas, de desencadenar nueva violencia.
Durante todo el siglo pasado y 14 de este, cientos de millones de jóvenes y adultos han padecido las consecuencias de las guerras,  dos guerras mundiales, docenas de guerras coloniales, una multitud inagotable de guerras civiles, de motines y de choques de toda especie innumerables. Ni  un sólo día, por lo menos de lo que va de este siglo, muchos pueblos del mundo han disfrutado de una paz profunda y verdadera. La paz, una y otra vez, ha venido resultando las más entrañable y la más inalcansable utopía del género humano. 
La revolución en México es la ley fundamental del desarrollo histórico nacional, En ciertas épocas por la incomprensión universal, México ha avanzado  a través de sus revoluciones, con sus miserias, supervivientes y con sus grandezas no logradas del todo; México complejo pero al fin y al cabo activo y vigoroso y respetable que hemos construido, es obra de grandes revoluciones históricas, de la Independencia, de la Reforma y de la de 1910 que no termina todavía. 
Para el mexicano hacer la revolución no ha sido juego, no ha sido afición irresponsable para el mexicano hacer la revolución; ha sido necesidad vital e imperiosa. El mexicano ha hecho la revolución levantándose contra instituciones caducas o tiránicas para destruirlas y en lugar de ellas construir nuevas instituciones, con mayor contenido, capaces de dar un impulso más positivo a la vida de la sociedad.
no es el afán de vivir fuera del orden lo que ha llevado al mexicano a hacer y a empeñarse en la revolución; es el deseo de un orden, pero de un orden dinámico, de un orden fecundo, de un orden justo. Por eso vivimos ahora, todavía, una revolución pacífica y queremos que siga desarrollándose pacíficamente, en primer lugar porque ya hizo muchas revoluciones con las armas en la mano; porque ha sufrido la violencia, siglo tras siglo, y porque en la última revolución armada pagó una cuota excesiva al desarrollo de la historia, una cuota consistente en un millón de vidas, porque ha pagado con creces esa cuota, creemos que tiene derecho a vivir en paz y a seguir desarrollando en paz 
Porque contrariamente a ciertos demagogos irresponsables, capaces de jugar con la sangre y la vida de los pueblos, siempre habrá quienes no creamos que la violencia sea la panacea invariable para resolver todos los males sociales. Conocemos el valor de la paz y la hemos vivido desde hace ochenta años y México se desenvuelve a pesar de todos los obstáculos  por los caminos pacíficos. !Que siga siendo así!  mientras todos los días, minuto a minuto algo cambie en este país, mientras algo se derrumbe, algo caduque y algo se levante, algo constructivo, algo enaltecedor algo benefactor habrá para el pueblo mexicano que quiere  y desea seguir trabajando por su bienestar, por  una equitativa distribución de la riqueza y el ingreso como requisito para lograr la justicia social y la unidad nacional; y la multiplicación de las oportunidades de ascenso en todas las actividades de la vida económica, política y social, capilaridad social con el uso de la crítica, autocrítica y el diálogo; elementos esenciales de la democracia. Inspirado en nuestras mejores tradiciones, en un esfuerzo trasformador del pueblo frente a un adverso conjunto de circunstancias geográficas, étnicas, sociales y exteriores.
Una sociedad abierta al cabal disfrute de los bienes materiales y culturales que se requiere para vivir con libertad, dignidad, seguridad y creatividad, y que solo es posible construir en la paz y no fomentando la violencia.

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