Tolerancia no es igual a debilidad del Estado Nacional,
escuchar, dialogar, concertar y llegar a acuerdos que beneficien a las
mayorías, es sin duda obligación y patrón de conducta de un Estado democrático alejado
de cualquier tentación del uso de la fuerza al menor resquicio de subordinación
o de violencia que los sectores radicales de la sociedad, que en el fondo
pretenden acusar al gobierno de intolerante y represor.
La violencia no es sin
duda el camino para exigir respeto al Estado de derecho, justicia ante los
actos condenables como los sucedidos el 26 de septiembre en el Municipio de
Iguala Guerrero, porque la violencia no se debe combatir con más violencia, sin
embargo, la tolerancia también tiene un límite y éste es sin duda alguna el que
el gobierno con todos los medios del que dispone debe hacer valer el imperio de
la ley, para garantizar el legítimo derecho de las mayorías, derecho que va
desde el libre tránsito, hasta el derecho al trabajo, posesión y disfrute de
sus bienes, sin más límites que la propia ley y lo que ha sucedido en los
últimos 60 días, ya han rebasado los límites de loa tolerancia, la destrucción
de comercios, quema de vehículos, bloqueo de carreteras y quema de
instalaciones públicas han dañado los derechos humanos de las amplias mayorías,
no sólo en Guerrero sino en otras regiones del país, el cierre de comercios
propicia la caída de empleos, el saqueo de mercancías y el robo de camiones, de
igual manera detienen el desarrollo económico y privan del empleo a miles de
familias, así como de ocasionar daños a la propiedad privada y nadie se hace
responsable para la reparación del daño.
Conductas como éstas y la quema de instalaciones públicas, no
pueden ni deben ser considerados como actos en el límite de la tolerancia, más
bien deber ser condenados como actos violentos, de incitación a la violencia y
verdaderos atentados a la estabilidad social de la que aún el país presume de
vivir.
El gobierno federal debe tomar en cuenta el hartazgo de la
sociedad, que si bien es cierto que la solidaridad con el dolor de los
lamentables acontecimientos del 26 de septiembre en Iguala, también cierto es
que las voces mayoritarias de la sociedad contra la violencia debe restablecer
el Estado de derecho, evitar la ingobernabilidad y el caos y sancionar a los
incitadores de la violencia.
Dejar que continúen los actos vandálicos no pueden ser motivo
más de tolerancia, porque este camino nos puede conducir a un callejón sin
salida, a quienes aún creemos en la ley y en el Estado de derecho y que pueda
dejar de serlo para sumarnos a la violencia y al desorden, el gobierno no puede
permitir que el tejido social continúe su deterioro, es ahora cuando la acción
de gobierno en todos los frentes debe hacerse sentir, dejar las diferencias si
es que las hubiese en el grupo gobernante para hacer un solo grupo cuyo interés
superior sea salvar a México de una confrontación social, en la que miles o
millones de mexicanos derramen su sangre, por intereses oscuros de unos cuantos
que son quienes mueven la cuna para que el desorden social avance y el estado
democrático se derrumbe.
Estas son horas difíciles, que demandan no la indiferencia de
quienes acompañan en el gobierno al Presidente Enrique Peña Nieto y no de las
luchas intestinas por el poder, no son tiempos para la apatía y el desinterés,
son momentos en los que quienes gobiernan deben honrar su compromiso de servir
a México, cuando quien desde su trinchera debe dar su mejor esfuerzo para que
los resultados del gobierno se vean y se sientan.
La indiferencia de quienes no hacen su tarea, desde la esfera
pública es condenable y deben dejar su lugar a quienes si quieren servir a
México.
La mayoría de la población apoyamos la obra reformadora del
Presidente de la República, su interés por sacar adelante al país está a la
vista, pero también es notoriamente reprochable que en algunas áreas del
gobierno no estén cumpliendo con su trabajo, los resultados no se ven, y con
ello detienen el avance del gobierno, en consecuencia, es hora de las
evaluaciones y de los ajustes; las mayorías queremos vivir en paz, en armonía y
aún confiamos en un gobierno democrático y de resultados positivos, por ello
nos resistimos a aceptar como algunos sectores radicales e interesados en el
fracaso del Presidente Enrique Peña Nieto, en que vivimos en la
ingobernabilidad y en un Estado fallido, las mayorías creemos que no hay Estado
débil o debilidad del Estado, que ha habido tolerancia, pero que está siendo
rebasada y por consecuencia es tiempo de
detener el reloj para evaluar y ajustar lo que se tenga que ajustar, que se
diga con claridad quienes han dejado de hacer su tarea, en los tres órdenes de
gobierno el pueblo ya no aguanta más violencia, el hilo es cada vez más
delgado, por ello el gobierno federal debe actuar de fondo, porque hoy en
día los grupos violentos y algunos medios de comunicación sólo condenan al
gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto y lo acusan de ser el responsable de
los lamentables hechos de Iguala Guerrero, sin embargo, no hay voces que condenen
los intereses que hay atrás, desde grupos políticos que promueven la violencia
y el desorden, y a los verdaderos responsables de los desaparecidos, como son
los grupos del crimen organizado y el narcotráfico coludido con gobernantes sin
escrúpulos que no deben tener cabida en nuestra sociedad y en nuestro sistema
político.
Finalmente debemos decir que tolerancia sí, indiferencia no,
y Estado débil tampoco, el Estado nace desde sus orígenes por la voluntad mayoritaria
del pueblo, porque ésta garantice el orden social y someta a las minorías a la
voluntad de las mayorías, pero con ello concluimos que reformar al Estado
implica no sólo los ajustes en la estructura del poder ejecutivo que no han
funcionado, conlleva también a revisar la actuación de los poderes legislativos
y judicial, pero también de revisar el
pacto federal que implique a los gobiernos estatales y los municipales, para
que de esa forma en éstos momentos difíciles el Estado democrático nacional
salga fortalecido, la sociedad nacional gane y el progreso nacional avance.
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