El Ejército Mexicano tiene una patrulla de 45 mil hombres, quiso ironizar El País a propósito de una entrevista con el general secretario de la Defensa Nacional publicada en El Universal. Y en efecto, nuestro Ejército tiene en labores de mantenimiento del orden público y de seguridad a 45 mil hombres (no sé si en este caso se pueda decir mujeres y hombres como lo indica la corrección política). 45 mil soldados con organización, armas y entrenamiento para defender la Patria, para que no ose nunca más el extraño enemigo profanar con su planta nuestro suelo, que salieron de sus cuarteles para patrullar día y noche nuestro vasto territorio nacional. Así ha tenido que ser porque los aparatos de la seguridad pública fueron rebasados por el crimen organizado luego de que el gobierno de EU cambió, sin previo aviso, su política antidrogas y convirtió a México en el paso obligado de la droga para llegar al voraz mercado allende el Bravo. El cambio dio a los narcos mexicanos un enorme poder que les permitió sentar sus reales en grandes territorios y provocó enconadas y sangrientas disputas entre las bandas. El Ejército tuvo que acudir al rescate sin una legislación que le permitiera pisar tierra firme a la hora de los cocolazos y sin la capacitación policíaca ajena y aún contraria a sus funciones castrenses. De las miles de acciones que el Ejército ha realizado en defensa de la sociedad y en contra de la delincuencia organizada, sólo en una mínima parte han ocurrido incidentes graves no obstante que la provocación ha sido la constante. Por lo visto y dicho lo de Ostala fue un accidente. El infortunio también juega, tiene permiso.
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