Por Raúl Moreno Wonchee
Como castillos de naipes cayeron las construcciones mediáticas de los líderes de la Eurozona con las que amenazaron a Grecia y provocaron alarma en sus propias naciones y en el mundo entero por la eventualidad de que el pueblo griego se pronunciara por no aceptar el chantaje y la imposición de la “troika” que los condenaba a décadas de depresión económica. Grecia no se niega a pagar ni quiere dejar el euro ni muchos menos Europa (¿a dónde irían?). Los griegos fundaron Europa y nunca mostraron vocación numantina. En Maratón, reafirmaron su democracia, y de las Termópilas a Salamina, su patriotismo irredento y su valentía ante la adversidad. Occidente no hubiera sido posible sin su inabarcable sabiduría (lo supieron todo antes que nadie) Si hay una deuda pendiente es la de Europa con Grecia. El que salió al quite fue Thomas Piketty: a lo largo de su historia, Alemania nunca ha pagado su deuda externa. Y no es que el famoso economista francés sea partidario del no pago sino que le parece una mala broma la intransigencia moralista de los banqueros que exigen a los deudores se sometan a medidas disciplinarias extremas. Hay otros modos, como los de Europa en la segunda posguerra cuya reconstrucción tuvo como base inflación, impuesto a la riqueza y alivio de la deuda. Así le hicieron Gran Bretaña, Francia y desde luego Alemania cuya deuda en 1945 era el 200 % de su PIB y en 1955 bajó al 20 (el Acuerdo de Londres canceló el 60 % de su deuda). Europa, dice Piketty, se fundó en el perdón de la deuda y la inversión, no en la idea de la penitencia sin fin. Si a Alemania se le hubiera tratado como hoy se quiere tratar a Grecia, no hubiera habido milagro alemán.
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