Por Lucía Ramírez Ortíz
Sin duda, en los hechos son más los avances y los logros positivos de la
administración del Presidente Peña que los hechos negativos que han empañado el
desempeño del gobierno de la República y que sabemos los mexicanos de bien de donde
vienen y quienes son sus promotores, que sin pensar en el gran daño que se
causa a los más pobres están decididos a apostarle y hacer lo necesario para
que al gobierno le vaya mal y de esa manera alcanzar sus propósitos mesiánicos
de llegar al poder.
A la mitad del camino la voluntad política del Presidente de la
República y su vocación democrática, han quedado de manifiesto en hechos de
trascendental importancia que benefician en el presente y mas aun en el mediano
y largo plazo al desarrollo del país, las trascendentales reformas postergadas
por lo menos en los últimos 15 años, hoy son una realidad que requiere en si de
tiempo y de colaboración, compromiso de todos los sectores para que estas
avancen de manera más rápida, generen los recursos suficientes, que mejoren los
niveles de vida de los sectores más pobres del país.
Romper paradigmas que por más de 7 décadas se habían consolidado en la
mente de los mexicanos como el de la industria petrolera y eléctrica, no fue
nada fácil, representaba riesgos y el Presidente los asumió, el resultado está
a la vista; generar más competencia en la industria de las telecomunicaciones,
tampoco significaba un día de campo, pues había que enfrentar intereses
monopólicos lejos, sin embargo, en medio de la pluralidad la reforma salió, y
en materia de educación la pérdida paulatina de la rectoría del Estado en la
materia empoderó significativamente a intereses mezquinos y ajenos a la
educación, a dos años de distancia de la aprobación de la reforma, las resistencias y los cacicazgos
poco a poco se han ido venciendo, en los próximos años se verán los logros en
beneficio de las generación de mexicanos en formación, igual pasa con otras
importantes reformas, que sin duda en su conjunto son mucho más benéficas que
los montajes de eventos, que los adversarios al régimen han montado en los
medios de comunicación para descarrilar al gobierno del Presidente Peña Nieto.
Frente a esos intentos, es la hora y la oportunidad que el Presidente de
México debe aprovechar en estos meses difíciles para relanzar al gobierno
democrático, como él bien lo ha señalado, que sea un gobierno de resultados, no
sólo un administrador de los recursos, para ello se requiere y que seguramente
ya lo está haciendo y lo profundizará en los meses siguientes el Presidente
Peña, de revisar y evaluar al equipo de trabajo, pero no solamente debe quedar
en los enroques o cambios de titularidad de dependencias, o de una revisión,
evaluación y ajuste en sus casos, de toda la pirámide de la administración
pública federal, que va desde los elementales mandos de base y que al final son
la primera instancia con los que el ciudadano se topa cuando solicita un
trámite de cualquier índole que el gobierno proporciona, y hasta los mandos
medios y superiores del aparato administrativo.
No es malo ni tampoco ilegal que el Presidente y sus colaboradores
llamen a formar parte del proyecto a sus correligionarios y amigos, pues en
todos los partidos y en toda democracia, en torno a un proyecto se agrupan los
hombres y mujeres que simpatizan con el mismo, lo malo está y seguramente por
ello los resultados no han sido los más deseados, en que quienes hoy tienen el
privilegio de gobernar en las diferentes esferas del poder, muchos de ellos,
parecen no estar comprometidos y convencidos del proyecto transformador del
Presidente Peña, más bien, parecieran privilegiar sus carreras políticas y
proyectos personales y de grupo, antes que responder a los compromisos
adquiridos, después del proceso electoral del 2012, cuando el entonces candidato
a la Presidencia se comprometió a mejorar la seguridad pública, a transformar
la política social en resultados para combatir la pobreza y apartarse del
asistencialismo y clientelismo tradicional, en los diversos renglones de la
administración, los resultados nos han sido los esperados, por ello, hoy que el
Presidente hizo ajustes en el primer círculo del poder, la inmensa mayoría de
mexicanos esperamos que los ajustes en los demás niveles de la estructura
gubernamental se realicen lo más rápido posible, el titular del ejecutivo
verdaderamente evalúe y premie o sancione a quienes no están dando resultados
sin esperar que pasen los meses o los años y que el gobierno se estatice o
simplemente que la sociedad observe la inmovilidad del país frente a la oferta
de mover a México.
Los jinetes apocalípticos que polulan a la administración actual, sin
duda, están bien identificados y reconocidos por el gobierno, no son otros que
la corrupción fundamentalmente extendida en la mayoría de los niveles de la
administración, lo que hace difícil y casi imposible, que la sociedad perciba
un cambio verdadero, como el que prometió el Presidente Peña en su campaña
política, combatir este fenómeno, no requiere de más reformas, requiere de
aplicación de la ley sin sesgos políticos, órganos fiscalizadores
auténticamente comprometidos con las transparencia, dejar de sancionar a miles
de servidores públicos por infracciones administrativas menores para pasar a
sancionar a todo aquel que causa daño al patrimonio de la sociedad, acabar con
el diezmo en la contratación de la obra pública y de las compras que la
administración realiza, es decir, transparentar las licitaciones desde la más
pequeña hasta la más alta y dar un verdadero seguimiento que ya esta en la ley
a todo servidor público, sea de base o de confianza. Revisar los compromisos
con las organizaciones sindicales sus prestaciones que lastiman al presupuesto
público, sobretodo la de los líderes que con sus inmensas fortunas y
privilegios ofenden al trabajador honesto y de bajos salarios, revisar las
condiciones generales de trabajo, pues en algunas dependencias, son más
poderosos los líderes sindicales eternizados en el poder con prácticas
antidemocráticas que los propios servidores públicos de mando quienes no
aplican la ley por temor a ser removidos, perder sus chambas y enfrentar
presiones en los liderazgos sindicales.
La corrupción es el primer cáncer crucial permitido o tolerado por la
alta burocracia y así se extiende como verdolaga hasta el empleado de
ventanilla, de limpieza de cualquier actividad de administración, los
comisionados que cobran sin trabajar son miles en todo el sector público y que
representan miles de millones de pesos quincenales, habrá que revisar esta
situación.
Sin combate a la corrupción, sin evaluación permanente de resultados y
sin quitar los privilegios a los grupos enquistados en el sector público, es
materialmente imposible avanzar y que el pueblo se de cuenta que estamos en
presencia de un nuevo gobierno.
La inseguridad pública, que duda cabe, es otro de los jinetes
apocalípticos que el régimen enfrenta, pero este fenómeno de la inseguridad más
allá de las cifras oficiales que presentan o de lo que difunden los medios de
comunicación, la realidad la vivimos todos los días los mexicanos de a pie,
aunque también han alcanzado a los dueños del dinero y del
poder con asaltos, el derecho de piso, el robo, y tantas otras conductas
antisociales que han irritado a la sociedad y que percibe cambios tangibles en
la materia.
En este renglón, al ejecutivo federal le toca ciertamente la persecución
de los delitos, garantizar el orden social, la paz y la tranquilidad, por ello
se requiere pasar del discurso a los hechos, de combatir las practicas policiacas
que en gran medida han sido penetradas por el crimen y que muchos de los
lideres y sicarios del crimen organizado sus antecedentes son de ex policías o
de anteriores miembros de las fuerza armadas, para tener éxito en esta materia
si se requiere una verdadera sacudida del aparato judicial, de que sirve tener
buenos policías y agentes del ministerio público y jueces magistrados y
ministros si no hacen la tarea que les corresponde de aplicar la ley y
sancionar a los culpables y dejar libres a los inocentes.
El tercer reto sin duda tiene que ver con la economía que ciertamente el
entorno que hoy vimos no ha sido propiciado por la mala administración por
decisiones económicas internas, sino más bien, producto de la globalización
donde los fenómenos económicos desfavorables que en otras regiones del mundo le
pegan y le aceptan a la economía nacional, las crisis detienen la inversión y
la generación de empleos, los salarios pierden el poder adquisitivo y el nivel
de bienestar de población se estanca o inclusive baja considerablemente ,
aumentando la pobreza de amplios sectores populares, frente a estos tres
fenómenos y a la desconfianza que gano terreno en los últimos doce meses,
muchos creemos y tenemos fe en que el liderazgo del Presidente Peña, los ajustes
en su equipo de trabajo, su determinación y decisión por mover a México, nos
llevarán a un gobierno de calidad, de transparencia y rendición de cuentas,
alejado de los escándalos y con toda seguridad el gobierno de resultados que el
Presidente Peña ofreció, ¡En hora buena!
Un trabajo de coordinación contante y
permanente es como un proceso de enseñanza aprendizaje, sin logros y beneficios
para la niñez y la juventud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario