México en manos de unos peritos. Eso, al menos, es lo que pretenden los que de una u otra manera han medrado y lo siguen haciendo con el crimen de Iguala: sus patrocinadores y autores intelectuales, sus cómplices, y los que lo han usado para denigrar a nuestro país y sus instituciones. El grupo enviado por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (lo que pone en duda su independencia), ha sido investido de una incontestable autoridad no obstante que su actuación tiene ostensibles debilidades: no ha investigado a las agencias federales norteamericanas que tienen en Iguala un punto estratégico para regular el trasiego de heroína a EU. Tampoco han investigado al partido político del gobernador y del procurador de Guerrero y del alcalde de Iguala, este último recluido en un penal de alta seguridad donde se reunió con una delegación de la dirección nacional de ese partido ¡para acordar los términos de su declaración!, la que hasta ahora no ha presentado. Su principal objeción a la PGR ha sido termodinámica, por así decir. ¿Y si en Cocula no hubieran sido quemados 43 sino un número menor, compatible con los criterios interdisciplinarios? Uno, por ejemplo, porque de uno al menos se tienen pruebas certificadas de un afamado laboratorio de Innsbruck, Austria. Mientras la fracción parlamentaria del PRD olvida la palinodia de su anterior dirigente y clama “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos”, cuando debe decir “vivos nos los llevamos” seguido de cualquier etcétera, se pone en evidencia que el crimen de Iguala es algo demasiado serio para dejarlo en manos de un grupo interdisciplinario de expertos independientes.
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