domingo, 1 de noviembre de 2015

La nave va. Democracia anulada.


Por Raúl Moreno Wonchee

Según los epígonos de la democracia, el voto es el acto supremo que expresa la voluntad del ciudadano. Su libre ejercicio configura la soberanía popular y es el medio para resolver por la vía pacífica la integración del poder. ¿Una utopía? Algo hay de eso, sobre todo ahí donde las condiciones socioeconómicas se erigen en obstáculos formidables para la vigencia de los derechos y las libertades democráticas. En México, luego de casi un siglo de vida constitucional ininterrumpida hemos logrado grandes avances: Lázaro Cárdenas liberó a un  millón de peones de la servidumbre a que los sometía el latifundio y les dio ciudadanía. Ruiz Cortines reconoció los derechos electorales de la mujer y duplicó el electorado. Y en el último cuarto del siglo pasado una serie de reformas políticas dieron lugar al régimen de partidos, a las elecciones competidas y a la alternancia. Pero en el nuevo siglo los embates contra la democracia han sido de Acción Nacional que durante sesenta años la tuvo como bandera. Fox y Calderón buscaron erosionarla. Ya de salida, Calderón propuso su contrareforma política que el PAN y el PRD negociaron con el gobierno entrante a  cambio de colaborar en el Pacto. No fue menor el daño al federalismo, al Congreso y a la institución presidencial. Y hace unos días, la puñalada trapera: un recurso de última hora sin sustento alguno fue pretexto del Trife para anular las elecciones de gobernador en Colima. Una serie delictiva del candidato panista en medio de un lodazal de ambiciones mezquinas fue el escenario donde el Trife resolvió en contra del electorado colimota. Voto por voto, casilla por casilla ganó Peralta. Volverá a ganar.    

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