lunes, 29 de agosto de 2016

La nave va. La pequeña Corte.


Por Raúl Moreno Wonchee

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos es un sofisticado y a la vez desvergonzado mecanismo para mantener en jaque la soberanía de las naciones de América Latina y proteger intereses norteamericanos ilegítimos. La Convención Americana sobre Derechos Humanos, documento firmado por todos los países del continente menos por su patrocinador, alineó el sistema a la estrategia de EU. La Comisión IDH, con sede en Washington, ha sido un instrumento político que en vez de defender derechos humanos se ha servido de ellos para cometer actos de injerencia en países donde gobiernos incómodos o reivindicaciones nacionalistas han afectado o amenazan intereses norteamericanos. Y ha encubierto las atrocidades cometidas por gobiernos afines a EU. Por su parte, la Corte IDH  en un organismo jurídico encargado de resolver los conflictos sobre derechos humanos entre los países signatarios de la Convención, pero sin competencia alguna ahí donde el problema alcanza proporciones colosales: las violaciones de EU a los derechos humanos de latinoamericanos, principalmente mexicanos, migrantes o residentes en la frontera. Pequeña Corte, entonces, la que vino a México a celebrar su 55 período extraordinario de sesiones. En la solemne inauguración, su presidente el juez Roberto Caldas, se atrevió a (pre) juzgar la realidad “evidente” de México: “… familias cuyos hijos se encuentran hoy sin paradero (sic), periodistas cuyas voces buscan ser acalladas (resic), defensores y defensoras de los derechos humanos cuyas vidas corren grave peligro…” Vaya juez que quizá abrumado por las limitaciones y la debilidad de su tribunal, ha traicionado la nobleza de su oficio para sumarse al coro fácil.

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