lunes, 3 de octubre de 2016

La nave va. Promisoria conjunción.

Por Raúl Moreno Wonchee

Navegar en una tormenta perfecta resulta fatigante y desde luego peligroso. No deja tiempo para otras navegaciones, las del espíritu, por ejemplo, en busca de la raza. Y más con la que hoy se abate (verbo maldito) no sólo sobre México sino sobre el mundo entero. Tormenta perfecta y global de la que hay que buscar resguardo para recorrer el horizonte con la esperanza de avistar algún motivo para el optimismo obligatorio. En Colima, provincia marinera entre el Pacífico y la Sierra Madre, donde Miguel Hidalgo conoció la mar océano y ensanchó su idea de patria, ha ocurrido un feliz acontecimiento: el gobierno estatal compró el predio donde se localiza La campana, la mayor y más importante zona arqueológica del Estado, clave para conocer y reconocer las antiguas culturas de Occidente, rama original de nuestra identidad que hasta la fecha tiene expresiones vivas. La expansión urbana ha hecho peligrar los vestigios y la zona arbolada que los envuelve. Con la compra del predio se abrirá un espacio público de 93 hectáreas que será una reserva ambiental donde la arqueología y la cultura, la recreación y el deporte, favorecerán el bienestar de los colimotas. La reordenación del predio estará a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, lo que fortalecerá su papel en defensa del patrimonio cultural. Cuando entre tormentas se están revisando las instituciones culturales bajo el asedio del mercantilismo y la austeridad, un acuerdo como el alcanzado por el gobernador Peralta y Diego Prieto, titular del INAH, da aliento a una promisoria conjunción de la democracia con sentido social y la cultura. 

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