lunes, 24 de octubre de 2016

La política exterior mexicana y sus vicisitudes. 7ª Parte.

Por Víctor Manuel Barceló R.

A lo largo de la vida independiente de México, la política exterior pasa por diversos momentos de alta complejidad. Pero aún en los tiempos que analizamos -abandono de nuestra relación hacia el Sur, con las naciones hermanas de sangre, idioma y vida de relación- la población mexicana no renuncia a su apoyo moral, en veces activo, a las causas más sentidas en diversos países, que afrontan la presión transnacional para desistir de sus determinaciones para conformar naciones libres y auto determinadas en sus afanes por condiciones de vida mejor para sus pueblos.   

La defensa de la integridad territorial, el usufructo interno de sus recursos para el beneficio social, que son pauta histórica de nuestra relación con el exterior, llevó a diversos gobiernos nacionales a posturas de resistencia, ante exigencias de naciones interesadas en el control de la explotación de los productos del suelo y subsuelo nacionales, claramente definidos como de uso para el bienestar de los mexicanos, fueron y continúan siendo valores que aplican en el subcontinente, en arduas luchas intestinas que enfrentan a los pueblos con las oligarquías, coludidas siempre con intereses del gran capital nacional e internacional. 

Veíamos el periodo de gobierno de Fox y sus desafortunadas intervenciones en política exterior, sin tomar en cuenta a los expertos de la Cancillería. Empero en su administración hubo un hecho favorable, pero complejo para el juego de espejos que traía su gobierno: la participación como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Los compromisos de México en sus tres incursiones en el Consejo de Seguridad han sido variados: presidir comités -el 1540 o de Sanciones contra Somalia, hasta presidir el Consejo (2009 a 2010). Nos dice el Embajador  Claude Heller, que el impacto de la participación de nuestro país en dicho órgano, ha sido constructivo gracias al conocimiento y la experiencia de la delegación mexicana en la agenda internacional. Juan M. Gómez Robledo, miembro de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU, destaca que las constantes intervenciones por parte de nuestro país en el Consejo de Seguridad y su política multilateral activa, posicionan a México como actor que responde, tanto a intereses nacionales como a cometidos internacionales. Ver: http://www.protocolo.com.mx/internacional/mexico-participa-en-debate-de-la-onu-sobre-prevencion-de-conflictos-armados/ 

Interesante adentrarnos en la lectura de “México en el Consejo de Seguridad de la ONU: la historia tras bambalinas”, coordinado por Roberto Dondisch, en que se reúnen artículos escritos por funcionarios responsables de los temas de la agenda. aproximando al trabajo del Consejo de Seguridad, para una mejor comprensión de las decisiones allí tomadas. Se incluyen temas de dimensión geográfica limitada con las que México tuvo que tratar en el Consejo, como el programa nuclear iraní, la paz y la seguridad en África y las tensiones entre Colombia y Venezuela. En el libro se tocan temas como: protección de la infancia afectada por el conflicto armado; armas de destrucción masiva; operaciones de mantenimiento de la paz; medios de comunicación y promoción del Estado de derecho en el Consejo. En el proceso de resolución de estos temas, México se destacó en sus tres participaciones- por el fomento de la transparencia en las acciones que se realizaron, impulsó el trabajo conjunto del Consejo con las comisiones, promovió el análisis y la investigación de problemas y se comprometió a respetar el Derecho internacional humanitario y fortalecer el Estado de derecho. La delegación mexicana inspiraba confianza entre los miembros del Consejo y sus propuestas fueron tomadas con seriedad. Ver: [%22]http://revistafal.com/mexico-en-el-consejo-de-seguridad-de-la-onu-la-historia-tras-bambalinas/#prettyPhoto 

Los autores ofrecen una serie de lecciones aprendidas, que pueden servir como directrices para futuras participaciones de nuestro país en el Consejo: estrechar relaciones bilaterales con otros países que comparten una visón similar, sostener diálogo activo sobre paz y seguridad, entre Cancillería y el Senado de la República, asumir el rastreo del trabajo del Consejo.

En 1946, México fue por 1ª vez miembro del Consejo de Seguridad (con Rafael de la Colina) apoyando activamente la descolonización (África sobre todo) y el ingreso de nuevos miembros a la organización. La evolución inicial de la ONU y la experiencia adquirida en el Consejo, motivaron reacciones de desencanto. Las tensiones Este-Oeste, la expansión de la Guerra Fría entre EU y la URSS, impidieron al Consejo cumplir las atribuciones conferidas en la Carta de la ONU. En 1947, México indicó que si las potencias persistían en retener el derecho de veto, convendría examinar, en un clima de paz y sin perjuicios para nadie, la manera de limitar en la práctica dicho privilegio. México insistió en que las controversias entre grandes potencias, que amenazaban la paz mundial, debían someterse a la Asamblea General, única manera como Naciones Unidas promoverían con eficacia la solución pacífica de controversias, sobre todo, aquellas en que intervenían grandes potencias (Héller, 1986: 243-261).

México probó la justicia de la abstención, al establecerse el derecho de veto, de que gozan miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El ejercicio del mismo lleva a la parálisis del órgano. Naciones Unidas es escenario de la política de bloques, cada potencia tiene sus aliados. La admisión de los contextos de posguerra y del margen mínimo de maniobra de los países pequeños y medianos, para auxiliar a la paz mundial, llevó a México a abstenerse de participar (34 años) en el Consejo de Seguridad.

Vuelve a ser miembro del Consejo de Seguridad en el bienio 1980-1981 (Porfirio Muñoz Ledo nos representó). La decisión fue trascendente, quedando inscrita en la nueva dinámica de la política exterior mexicana a partir de fines de los setenta. México se consideraba como "potencia media emergente", con la “carta del petróleo” en tiempo de profunda inestabilidad en el Medio Oriente (deposición del Sha en Irán). El presidente José López Portillo propuso el Plan Mundial de Energía, cuya primera piedra fue el “Acuerdo de San José”,  pactado por México y Venezuela, para suministrar petróleo, a precios preferentes a países centroamericanos y caribeños. Focos de tensión en Centroamérica: Nicaragua buscando al triunfo de la Revolución sandinista; el conflicto armado en El Salvador, en ambos se confronta Cuba con EU, apoyando gobiernos militares el El Salvador. La diplomacia mexicana tuvo mayor presencia en su frontera sur. Ver:http://zedillo.presidencia.gob.mx/pages/vocero/boletines/com2338.html  

Esta 2ª participación de México en el Consejo de Seguridad coincidió con una fase crítica en las relaciones internacionales: enfrentamiento político creciente, entre EU y la URSS -con guerra de declaraciones que canceló diálogo y trato, imponiéndose el enfrentamiento-. México consideró que la crisis entre superpotencias tuvo un doble origen: la intervención armada de la URSS en Afganistán y la decisión de OTAN de instalar euro misiles, como reacción al despliegue soviético de misiles SS-20. El gobierno de México votó contra de la injerencia armada soviética en Afganistán violatoria de normas de conducta internacional, en gran medida creando un clima similar al de la Guerra Fría (SRE, 1985: 443-444) apelando a un principio relevante de la ONU, similar al Art. 89, fracción X de nuestra Constitución: la solución pacífica de controversias entre Estados. La postura creó imagen de autonomía para México ante la comunidad internacional. Se tradujo en beneficios, pero fue nocivo en su relación con las potencias hegemónicas en pugna, que por breve lapso tuvieron bajo perfil.

David M. Malone sostiene que México ocupó un espacio político como "reparador útil", en su 2º periodo en el Consejo de Seguridad (1981-1982), y unido con otras naciones en desarrollo, logró que los miembros permanentes se enfrentaran entre ellos, dando más peso a los no Alineados.

Para el 2001-2002 el gobierno foxista, sin capacidad ni condiciones como potencia para participar en un conflicto internacional –no se tenía ni poderío militar, ni influencia requerida a nivel global- insistió, creando roces serios con países de la Región, para arribar al Consejo. No todo asunto de la agenda internacional era de interés para México. Pero Fox y Jorge Castañeda Jr. deseaban participar en el nuevo diseño internacional. Había interés de México en ser intermediario en Colombia, y estar al tanto del conflicto en Medio Oriente. La búsqueda de participación en el Consejo de Seguridad fue controversial en México y en el exterior. Observadores nacionales pensamos que no debíamos participar en misiones de paz de la ONU proporcionando partidas militares. Muchos en contra, pocos a favor. El secretario de Relaciones Exteriores, Castañeda, tuvo que aclarar: México sólo participaría "si se dan las condiciones, es decir, si podemos ser útiles, si creemos en la causa de que se trate, si pensamos que el conflicto es importante para nosotros, no vemos razón para no participar…no necesariamente se enviarían efectivos militares”. (Velázquez, 2007: 285).

En enero (2002) México ingresó como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. El Emb. Adolfo Aguilar Zinser fue nombrado responsable de la representación. El 1º de febrero de 2002, México asumió la presidencia del Consejo, en ambiente de guerra contra el terrorismo. Buscó siempre consensos. Durante 2002-03, el gobierno mexicano votaría a favor de causas justas, con estricto apego y respeto al Derecho internacional. Al final, (21-Nov.-2003) la presión fue insostenible y se apoyó una resolución que legalizaba la Coalición de la autoridad provisional en Irak. Los temas considerados fueron: Comité contra el terrorismo; informe del Secretario General de la ONU en Kosovo; Fuerza provisional de Naciones Unidas en Líbano; debate del Consejo sobre la situación en África; Timor Oriental; Comité de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la Asamblea General; situación humanitaria en Angola; Medio Oriente, incluida la situación de Palestina; Bosnia-Herzegovina; representación equitativa y aumento del número de miembros del Consejo de Seguridad; Somalia; protección de civiles en conflictos armados; Afganistán; Comisión de Naciones Unidas de vigilancia, verificación e inspección; Irak; armas pequeñas; cooperación entre ONU y África Central en el mantenimiento de la paz y seguridad; las mujeres, paz y seguridad; Timor Leste; Bougainville; niños en conflictos armados; Misión de inspección de la OIEA en Irak; situación entre Irak y Kuwait; solución pacífica de controversias; situación en Guinea-Bissau; los derechos humanos en la República Democrática del Congo; situación en Côte d'Ivoire; protección al personal humanitario; sobre la justicia y el estado de derecho en labores del Consejo; solicitud de Siria, por ataque aéreo de Israel (5-Oct-2003); informes para ex Yugoslavia y Ruanda de Tribunales Penales internacionales; vínculos entre VIH/sida, la paz y seguridad internacionales; y otros asuntos para verificar la ejecución de anteriores resoluciones del Consejo de Seguridad (SRE, 2002).

Habría que leer destacadas intervenciones del embajador Aguilar Zínser: en cuanto a condenas a los actos de violencia en Medio Oriente reafirmando apoyo a la comunidad internacional para la reconciliación Israel-Palestina (SRE, 2002). El 25 de septiembre de 2002, a nombre de los 20 países hispanohablantes de la ONU, abogó por el multilingüismo,  buscando mejoras a servicios de traducción e interpretación al español, y  del español a otros idiomas oficiales de ONU (SRE, 2002). Participó destacadamente en todos los asuntos sometidos al Consejo de Seguridad. El tema de gran controversia fue la invasión a Irak por tropas estadounidenses, británicas y españolas, al mando de EU, sin opinión del Consejo de Seguridad.

Los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad (2002-2003) –México entre ellos- denunciaron que eran marginados; la tendencia del Secretariado era consultar, en privado, con algunos miembros permanentes antes de presentar una recomendación al Consejo; colusión tácita entre los  miembros permanentes y el secretario general, acrecentada por la práctica, cada vez más frecuente, de "consultas informales" para decidir asuntos, y no reuniones abiertas de Consejo, principal foro para la toma de decisiones.

Como vimos, el gobierno mexicano enfrentó un tema difícil: el asunto de Irak (2002-2003). El representante ante Naciones Unidas apoyaba con vehemencia la negociación diplomática y rechazaba el uso de la fuerza. En el Consejo de Seguridad México tenía que decidir: apoyo abierto a EU o a favor de otra iniciativa. Ello contenía dos pasos: 1º iniciar inspecciones en Irak para determinar si tenía o no, armas de destrucción masiva. El 2º si en realidad existían esas armas e Irak no mostraba señales de desarme; en tal caso una fuerza militar apoyada por la ONU, entraría en acción. En el gabinete de Fox había pugna entre el Secretario de Relaciones Exteriores (todavía Castañeda) y el de Gobernación, Santiago Creel. El primero a favor de un apoyo abierto a EU, el segundo por política moderada para evitar reclamos a nivel interno. El gobierno mexicano entró en una situación difícil, el imperio amenazó con represalias, si no lo apoyaba contra Irak.

Fox optaba por la solución pacífica del conflicto y señalaba que en tal sentido iría el voto en el Consejo de Seguridad, considerando que así lo establecía la Constitución. Afortunadamente no hubo necesidad de emitir voto porque Estados Unidos decidió -con España y Gran Bretaña- atacar Irak (marzo-2003) para derrocar al régimen de Saddam Hussein y apoderarse de la riqueza petrolera inscrita en su territorio. Al final, dadas las presiones, se apoyó a la coalición de la autoridad provisional en Irak, -EU-Gran Bretaña-España- (2003), que trae hasta la fecha nefastos resultados para los iraquíes, con la constante violación de sus derechos humanos, sin haberse comprobado la razón aducida, de que poseían armas de destrucción masiva, llevando al ajusticiamiento de Hussein, líder de aceptación por su pueblo. 

El gobierno mexicano tuvo costos por pertenecer al Consejo de Seguridad: 1º Se opuso a la invasión de EU en Irak, finalmente, presionado aprobó el mandato para que la coalición de Estados invasores, lograrán autoridad para "gobernar" y explotar el petróleo de ese gran productor mundial. Consecuencias negativas por la nueva incursión en el Consejo de Seguridad –a contrapelo del alto nivel de representatividad, que como en las dos anteriores, fue excepcional- está el abandono del expediente multilateral entre EU y México; las derrotas de candidaturas mexicanas en la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Tampoco sirvió para sentar bases de una política con consenso ciudadano que trazara líneas de distanciamiento y entendimiento con Estados Unidos. No es extraño que el tema de pertenecer, o no, al Consejo de Seguridad siga generando interrogantes. (Continuará) Ver: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352012000100005 

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