Por Raúl Moreno Wonchee
Dicha inicua la de los partidos que en los últimos años han perdido el tiempo denostándose los unos a los otros y viceversa mientras el país vive una profunda transformación. Porque en el mundo están ocurriendo mutaciones vertiginosas a las que (casi) nadie escapa y, sobre todo, por el proceso de reformas que ideó, propuso, pactó y puso en marcha el presidente Peña y que no sólo ha movido a México sino le está cambiando la piel y la entraña. La causa de fondo del desprestigio de los partidos es que no han podido entender y menos explicar las nuevas realidades. Y mucho menos plantear, discutir y acordar las rutas de un futuro que a falta de certidumbre, se ha preñado de desconfianza y pesimismo. La política, como acción y pensamiento, ha sido desplazada por la confusión y el sectarismo. Pero aunque hay males que parecen irremediables, en el tricolor –no podría ser en otro partido— se produjo más que un milagro, un alumbramiento: luego de tomar posesión como Secretaria General del CEN, Claudia Ruiz Massieu dijo un discurso que, estoy seguro, anuncia el advenimiento de un tiempo nuevo no sólo para el más que octogenario partido sino para la política mexicana. Claudia postuló el supremo valor de la militancia cuando están de moda las chaquetas reversibles. Es decir, el apego irrenunciable al carácter popular, democrático, nacional y plural del PRI que le da consistencia y perspectiva a lo que sigue: la deliberación a todo lo largo y lo ancho del partido, para dar rumbo y perspectiva a los cambios y transformaciones en curso. Y para discernir las nuevas reformas. Lo demás, los personajes, el cabotaje y los resultados electorales, se darán por añadidura.
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