miércoles, 3 de mayo de 2017

La nave va. La confusión y la FIFA.

Por Raúl Moreno Wonchee

La confusión es signo de nuestro tiempo. Vaya frase, casi un apotegma. Pero qué se puede decir cuando Trump, el más conspicuo populista, súbitamente deja de serlo al bombardear a Siria o amenazar a Venezuela. ¿O será que el nuevo cuño del terminajo sirve para un carajo? ¡Alto!, no sólo por la rima sino porque la censura está de vuelta y no faltará algún redentor, luego de acudir al inconsultable diccionario de la Real Academia, postule que carajo significa nada más y nada menos que “miembro viril”. ¡Basta! --responde la tripulación de La nave-- de poner el leguaje marinero al servicio de las añoranzas sexuales de unas y otros, pues la malsonante palabra no es sino el sitio más alto del mástil, donde se otea el horizonte. Y otra, altisonante eufemismo para nombrar el mismo miembro imaginado por confundidos académicos, y que es  el palo donde se envergan las velas. Sinonimia freudiana sincronizada con  la enésima multa que la FIFA impuso a la Federación Mexicana de Fútbol no por la mala calidad de los torneos a su cargo, sino porque hay aficionados a los que les da por corear ¡puto! cada vez que el portero enemigo saca de meta. Se dice que es una expresión homofóbica aunque nadie sabe de un portero que se haya ofendido. Ñoñismo en contrasentido lanzado al viento no como insulto sino como exclamación. Ya metida a defensora oficiosa de la decencia y de los derechos humanos, la FIFA sabe que en los estadios se corea contra los árbitros el peor de los insultos, misógino y sexista: la mentada de madre. Olvida interesadamente que en algunos ámbitos –el de los estadios, por ejemplo-- hay códigos específicos donde el significado de ciertas expresiones es distinto al que les da un burócrata o un confesor.  

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