Salvater nos dice que la sociedad democrática debe ser laica, no puede elegir serlo o no serlo, son los hombres los que le dan sentido, la sociedad democrática recibe su sentido de si misma, la sociedad para los individuos y no los individuos para la sociedad. La sociedad clásica tenía un plus de estabilidad. lo que no es humano es lo que está resguardado. Cuando es la propia relación de ciudadanos el centro de la vida social hay controversia y discusión.
La sociedad democrática no puede ser teocéntrica, porque son términos contradictorios cuando la religión deja de ser, el centro de la vida social es posible la sociedad democrática. La religión no tiene que desaparecer, simplemente debe dejar de ser el centro para que pueda existir la sociedad democrática.
La religión es un derecho de buscar sentido de vida, esto está en la base de la tolerancia democrática, que era tolerancia religiosa antes que política, Voltaire asombrado por la tolerancia religiosa de los ingleses decía " los ingleses van al cielo y al infierno cada cual por el camino que quiere".
Para la iglesia, persecución es que le quiten el derecho de la ultima palabra la religión como derecho debe ser respetada, pero como deber, no puede serlo, es incompatible con la democracia.
El estado debe ser escéptico frente a la religión, el estado laico trata mejor a las religiones en un estado teocrático, la mayor persecución religiosa ha sido por parte de otras religiones.
La lucha por el laicismo esta inscrita en la propia lucha democrática. En la escuela democrática se debe enseñar dos cosas: una los conocimientos verificables aceptados científicamente y resguardados dentro de parámetros de la época. Otra los valores sobre los que hay acuerdos, no los que aceptan unos y otros no, sino los consensuados, las pautas éticas aceptadas, lo demás es aceptable, pero no debe estar en la enseñanza y mucho menos en la enseñanza pública. La religión es respetable siempre que no contraiga los valores constitucionales.
El laicismo nos ha acompañado -no sin incidentes, no sin luchas en nuestra vida republicana-, laicismo y república se entrelazan en el destino de México. La laicidad fue lo que le permitió a la generación de Benito Juárez, Ponciano Arriaga, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez, Melchor Ocampo, y tantos otros hombres ilustres, romper con el lastre colonial, forjar un estado fuerte, independiente, nuestro. La laicidad no es solo un principio consagrado en nuestra çonstitución como muchos otros, es el principio fundamental de nuestro régimen constitucional, si descuidamos los cimientos del orden constitucional que hoy nos rige, estaremos lamentando lo que no hemos sabido defender.
Con Juárez, logramos diferenciar el poder político del espiritual, más de cien años debatidos acerca de la república y la monarquía, el centralismo y el federalismo, el confesionalismo y el laicismo.
El origen republicano de nuestras instituciones alcanzan un punto muy importante en la edificación del sistema presidencial, cuya consolidación constitucional reconoce dos grandes momentos: 1874 y 1917.
Los factores reales de poder, esterilizaron la constitución de 1857, porque la realidad social, la evolución de las fuerzas productivas y finalmente las formas de la propiedad no coincidían con la norma constitucional. La demolición del poder social y económico de la iglesia se había extendido hasta el desalojo de los bienes de las comunidades no religiosas, en los hechos el estado laico no sobrevivió, pero en las últimas décadas del siglo diecinueve y la primera del veinte, Porfirio Diaz se encargo de barrer de sus bases las ideas liberales, su pacto con el clero se renovó y éste lo ayudó a mantenerse en el poder, bendiciéndole todas su tropelías hacia el pueblo.
Como antesala a la revolución de 1910 se expresaría de nueva cuenta el liberalismo, la constitución de 1917 se produce como consecuencia de la revolución y es la primera constitución forjada para establecer un nuevo orden con sentido revolucionario y social.
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