Por Cuauhtémoc Anda Gutiérrez
Desde
la segunda mitad del siglo pasado, vimos en México como el fútbol soccer poco a
poco iba ganando terreno en la preferencia de los jóvenes deportistas, después
con la llegada de la televisión creció en el gusto de los espectadores. Estos y
otros factores ayudaron a que el ahora, deporte más popular en el mundo
creciera y ahora en el siglo XXI mostrara su cara más exitosa conforme van
pasando los partidos del torneo que se está celebrando en Brasil, en el marco
de estadios llenos, de multitudes gritando porras a favor de sus
correspondientes equipos, de observar fragorosas batallas y múltiples
sorpresas, como la eliminación temprana del equipo campeón del torneo pasado,
España.
A
diferencia de los campeonatos mundiales de hace 20 o más años, ahora ya no son
tan disparejos los contendientes, por tanto las golizas de antaño son muy raras
ahora, el nivel de competencia de algunos países africanos, asiáticos,
centroamericanos, etc., son muy similares a los niveles de los europeos
tradicionales y de países que siendo súper favoritos, como es el caso de Brasil
han pasado angustias y penalidades para mantenerse en la contienda. Llama la
atención que el poderoso Brasil apenas pudo empatar con México y en el tiempo
normal, más los tiempos extras, terminó empatado con Chile y fueron necesarias
las tandas de penales, que según los expertos equivalen a un volado para vencer
apuradamente a Chile.
Sin
duda, el éxito del fútbol ha logrado que se le vea además como un espectáculo
que concita las familias y amigos, que crea pasiones y que como todo deporte se
compite, se gana y se pierde. Pero, su propio éxito ha hecho visibles temas que
amenazan a este deporte, a vuelo de pluma recordamos los siguientes:
1. El arbitraje.
Sin duda, la velocidad del juego y las circunstancias del mismo hacen que el
árbitro marque castigos que no existieron y también omita marcar faltas
evidentes, sobre todo a la vista de los televidentes, que tienen la ventaja de
que les repitan la jugada dos o tres veces. Cuando los errores los comete el
árbitro indistintamente del equipo que sea, el público no parece protestar
tanto, pero cuando da la impresión de que están privilegiando a un equipo la
protesta y los corajes sean gigantescos.
En
el caso de México, va a quedar en la memoria colectiva el clavado que un
jugador de Holanda hizo para que el árbitro marcara un penal inexistente y
derivado de esto cayo el gol que eliminó a México del Mundial. La desilusión y
el coraje vinieron aparejados en los aficionados, porque minutos después al
terminar el juego, el jugador holandés reconoció que había fingido la falta,
pero la eliminación se produjo y él no fue sancionado y, en este punto me
detengo para reflexionar que son precisamente estas incidencias las que
amenazan el éxito del fútbol.
Lo
que le pasó al equipo México es una de las varias muestras que en este mismo
torneo se han dado en relación al peligro que se avecina y que está a la vista
y que puede limitar el éxito de este deporte. Hay un pensamiento que dice que
el rugby es un deporte rudo, jugado por caballeros y que el fútbol es un
deporte de caballeros jugado por “malandrines”.
De
la vida real contaré, que hace poco uno de mis nietos jugando en fuerzas
infantiles se tiró provocando una falta, al preguntarle a su entrenador sobre
el incidente, dijo que estaba bien, que era parte del juego. Desde luego le
comenté a mi hija que tal conducta en ese deporte era inaceptable, que los
padres mandan a aprender a jugar ese deporte a sus hijos, pero no para que les
enseñen a ser tramposos a sus hijos.
El
sábado de la semana pasada, se cumplieron 60 años de que se fundó el equipo de fútbol
americano “Águilas Blancas” y en la Escuela Superior de Comercio y
Administración (ESCA) Santo Tomás se hizo una comida a la que asistimos algunos
de los sobrevivientes de aquella época. Por cierto que al evento asistió el
popular ex jugador universitario Alejandro “Canario” Morales, quien hizo
alusión a una especie de mutua simpatía entre los exjugadores universitarios y
politécnicos, que todos agradecimos y aplaudimos.
En
mí turno, además de agradecerle a la Directora de la ESCA, Mtra. Norma Cano, su
anfitrionía y buena voluntad, a nuestro compañero, el popular “Pajarito”, David
Jiménez por la organización, también agradecí a nuestro coach Carlos Yapur, ahí
presente por las enseñanzas que nos dieron, cuando adolescentes empezamos a
jugar este deporte, le agradecí que nos enseñaran a respetar las decisiones de
los árbitros y dirigiéndome a mis compañeros les dije: -ustedes nunca han visto
que un quipo nuestro le proteste al árbitro y también nunca nos enseñaron a
hacer trampa, como en otros deportes, porque eso de tirarse en el campo y
fingir faltas del contrario es deshonesto, por eso, además de que aprendimos a
trabajar en equipo, también aprendimos a respetar leyes y reglamentos, lo que
nos transformó en ciudadanos respetuosos hasta la fecha. Todos entendieron a
qué otro deporte me estaba yo refiriendo, el aplauso fue generalizado y luego
las felicitaciones personales se refirieron a este tema.
Pero
es que, ¿qué padre de familia se atreve a enviar a sus hijos a practicar un
deporte donde les enseñen a engañar al árbitro?, es decir, a la autoridad con
el argumento de que es parte del juego. Esos niños en su vida cotidiana, llevan
el mensaje de que se vale engañar a la autoridad, por lo tanto se valen los
fraudes, los robos y muchos otros ilícitos. Ese camino de la trampa, va a inhibir
a los padres y a las nuevas generaciones para jugar fútbol si no se actúa ahora
mismo.
Respecto
a las fallas de los árbitros, por tomar decisiones equivocadas hay que acudir a
la moderna tecnología. En las canchas de tenis era muy frecuente el marcar pelotas
dentro o fuera de la cancha según el interés de cada participante, el llamado “ojo de halcón” permite ahora rápidamente
revisar dónde pego la bola, dejando claro el tema.
En
el fútbol americano, a petición del entrenador (no de los jugadores) lanzan un
pañuelo, se detiene el juego, los árbitros se reúnen para revisar la jugada en
la repetición y toman su decisión, ya sea confirmando lo que habían marcado o
rectificando el castigo.
En
el fútbol soccer es mucho lo que puede ganarse si se usan estas tecnologías,
como la que ya se tiene de marco a marco para ver si el balón ingresa o no al
área de gol. Se requiere también que se tomen sanciones contra quienes inventan
golpes y faltas, algunas tan grotescas que caen, se revuelcan en la tierra,
como si los hubiera herido un rayo, haciendo una actuación de arte dramático y
si el árbitro continua el partido, el moribundo de hace unos segundos, ya está
corriendo a toda velocidad. Todo esto, a la luz de un público que no tiene más
que reírse, como también se hace cuando los ve uno en televisión, por eso se
habla de que “es un deporte de caballeros, jugado por malandrines” en una mala
generalización pero no hay duda de que hay muchos.
Ahora
mismo, en lo que queda de este Mundial, y sin que uno sea brujo ni vidente,
vamos a ver lamentablemente majestuosas
actuaciones teatrales de jóvenes que circulan como jugadores de futbol soccer.
2. La FIFA.
Por diversas razones ha caído en un desprestigio que merma su credibilidad.
Quienes se supone deben de sancionar a quienes engañan o sistemáticamente
quieren engañar al árbitro, deben crear sanciones para quienes hagan trampa y
finjan golpes y ejecuten caídas dramáticamente para impresionar al árbitro. Se
me ocurre que en casos tan notables, como el del holandés un partido de
suspensión le haría pensar en el futuro antes de empezar de nuevo a hacer
actuaciones dramáticas que al fin ahora no le cuestan nada, pues quedan
impunes.
Así,
el éxito del fútbol estriba en que es un gran espectáculo y en consecuencia un
gigantesco negocio amenazado por sus propios jugadores, árbitros y la FIFA.
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